Su boca que era mía ya no me besa más. Se apagaron los ecos de su reir sonoro y es cruel este silencio que me hace tanto mal... Fue mia la piadosa dulzura de sus manos, que dieron a a mi pecho, caricias de bondad. Y ahora que lo evoco hundido en mi quebranto, las lágrimas trenzadas se niegan a brotar, y no tengo el consuelo de poder llorar...
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